En todo tipo de negocio, principalmente en el de la comunicación, existen clientes que ponen a prueba nuestra paciencia.

 

Hacemos un recuento de aquellos clientes difíciles, con los que hemos aprendido a trabajar.

 

Los negociadores: son aquellos que siempre piden un descuento, pues todo les parece muy caro. Es muy común escucharles pronunciar frases como “¿y si lo dejamos en …?” ,“¿Y el descuento?”, o “Ya hemos trabajado antes, cóbrame menos”.

 

La mejor forma de lidiar con estos clientes es explicándoles el proceso de elaboración de sus productos paso por paso, de este modo podrán entender la cantidad de recursos que implica desarrollar lo que están solicitando. Así, les será más difícil pedir un descuento.

 

Los sabelotodo:  son aquellos clientes que creen saberlo todo. Desde marketing y publicidad (porque alguna vez recibieron una charla), hasta diseño gráfico, producción audiovisual y estrategias de venta. Sus observaciones cuando piden cambios suelen ser “es que no me gusta”, sin ningún respaldo técnico. Son difíciles porque creen que los comunicadores somos una especie de secretarias, a las que les tienen que dictar qué hacer. No suelen vernos como sus asesores profesionales.

 

Para estos clientes se recomienda aceptar sus comentarios con mucha paciencia, evitar entrar en una discusión circular que no va a llevar a nada y argumentar nuestras observaciones con respecto al trabajo que estamos realizando.

 

Cliente reloj: son aquellos clientes que antes de explicar lo que quieren, inician con su frase preferida: “necesito para ayer. Además, durante todo el proceso de trabajo se la pasan preguntando si ya está listo o en cuánto enviamos el material. Viven siempre atrasados, al apuro, con asuntos de último minuto y exigiendo soluciones.

 

Para tener éxito con estos clientes, la mejor forma de trabajar es proponiendo un calendario de trabajo que se adapte a los tiempos requeridos. Con ellos hay que considerar constantemente los cambios de última hora y adelantarse a los posibles pedidos que seguramente harán.

 

Cliente fantasma: es aquel que llega de repente, pide una propuesta para algo especifico y luego hace muchas modificaciones; te hace hablar y cotizar con muchos proveedores, te cambia los requerimientos y cuando parece que finalmente ya tienes todo tal y como lo desea, él desaparece. Cerrarle las puertas a tu oficina sería lo más fácil, pero muchas veces es difícil identificarlo.

 

Este tipo de clientes suelen tener ese comportamiento errático en repetidas ocasiones, por lo que es importante no caer dos veces. La segunda vez, se ponen las reglas claras, para que todos ganen.

 

Cliente Jefe-No jefe: es el más peligrosos de su especie, principalmente porque no tiene el poder de decisión, pero le encanta mostrarse como jefe, por lo que durante el proceso de trabajo, suele ser el que más cambios pide, el que no se decide nunca. Con esa actitud, nos hace perder mucho tiempo en cambios, que la mayoría de veces resultan innecesarios.

 

Es importante identificarlos rápidamente y tomar acción inmediata, pues aunque les encantaría ser jefes, no lo son, por lo tanto, siempre respetuosos de sus observaciones, hay que saber identificar cuándo son simplemente aspavientos de jefe-no jefe y persuadirlos para que hagan aprobar cada una de las propuestas a sus superiores. En casos extremos, puede ser necesario hablar directamente con sus jefes./RA

 

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